La última y nos vamos
Ya empezaron las reuniones de esta temporada navideña tan esperada, al menos por mí.
Me encanta el estrés de saber que saliendo de trabajar me tengo que ir corriendo a ver a mis amigos para reírnos, bailar, cantar y echar uno que otro trago, o muchos, depende de qué día de la semana sea, y a veces ni de eso depende nada. ¡Qué rico estrés!, ¿verdad?
Yo sé que todavía es noviembre, pero para mí las fiestas ya empezaron, porque, además de celebrar la época, me estoy empezando a despedir de todos los que puedo, porque me iré a vivir a otro país, por lo que también aprovecho para despedirme temporalmente, espero, de ustedes mis queridas y fieles lectoras.
Han sido 14 ediciones ya escribiendo esta columna que me ha hecho tener una catarsis y expiar de mi sistema, si no a todos, a muchos de los “queveres”, demonios y momentos embarazosos de mi vida. Escribir las piernas me ha hecho recordar historias que estaban escondidas en mi memoria, y que ahora sé porqué prefería que se quedaran escondidas, pero todas, por más bochornosas que sean algunas, me han hecho reír de nuevo recordándolas; en algunas ocasiones hasta me serví una copa de vino para decir “salud”, dar gracias por lo que fue y dejar ir esos momentos de mi vida, porque por más divertidos y locos que hayan sido, forman parte de la Isabella del pasado, pero también construyeron a la Isabella que soy ahora y que disfruto mucho.
No sé si nos volveremos a ver, porque el nuevo proyecto y el cambio de país requiere de toda mi atención, así que aprovecho este espacio para agradecerles a todos los que se hayan tomado la molestia de pasar a leerme. Espero que hayan aprendido de mis errores o, por lo menos, hayan pasado un buen rato.
Disfruten, celebren y valoren mucho lo que son y lo que tienen. Terminen el año con orgullo y ¡reciban con todo el 2023!
¡Hasta pronto!